¿Qué es la corrosión galvánica y por qué hay que evitarla?
Evitar la corrosión galvánica es esencial porque puede causar daño estructural y funcional en componentes metálicos, debilitando materiales, afectando la integridad de estructuras y equipos. Además, puede comprometer la seguridad y durabilidad de objetos esenciales en la construcción, la industria y el transporte. Prevenir este fenómeno es clave para preservar la eficiencia y vida útil de los materiales metálicos.
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¿Por qué se produce la corrosión galvánica?
La corrosión galvánica es un proceso electroquímico en el que un metal se corroe cuando está en contacto eléctrico con otro metal diferente en presencia de un electrolito.
Para entenderlo mejor, la corrosión galvánica es la transferencia de electrones entre dos metales diferentes cuando están tocándose y hay agua (humedad) alrededor. Uno de los metales se "sacrifica" y se corroe, liberando electrones al metal con un potencial electroquímico más alto.
Esto sucede porque se crea una especie de corriente eléctrica entre los dos metales, y uno de ellos termina dañándose. Este proceso crea una especie de “intercambio eléctrico” entre los dos metales, en el par, uno de los metales actúa como “donante” de electrones y el otro como “receptor” de electrones. Por eso, es importante evitar que metales diferentes entren en contacto directo cuando hay humedad, para que no empiece esta "pelea" eléctrica que daña los materiales.
Diferencia máxima de potencial recomendada según las condiciones ambientales
Condiciones ambientales normales (interior o sin control de humedad ni temperatura): 0,25 V
Condiciones ambientales controladas (temperatura y humedad controlada): 0,50 V
Condiciones ambientales agresivas (exterior o ambiente húmedo o salado): 0,15 V
Metales
Voltaje
Oro (macizo y chapado); aleación de oro y platino
0 V
Chapado en rodio sobre cobre plateado
5 V
Plata, maciza o chapada; metal monel; aleaciones de alto contenido en níquel-cobre
15 V
Níquel, sólido o chapado; titanio y sus aleaciones; monel
30 V
Cobre, macizo o chapado; latones o bronces de baja ley; soldaduras de plata; aleaciones alemanas plateadas de alto contenido en cobre; Aleaciones de níquel; aleaciones de níquel-cromo
35 V
Latón y bronce
40 V
Latones y bronces altos
45 V
Aceros resistentes a la corrosión con un 18% de cromo
50 V
Cromado; estañado; aceros resistentes a la corrosión tipo 12% de cromo
60 V
Hojalata; soldadura de estaño y plomo
65 V
Plomo, sólido o chapado; aleaciones con alto contenido en plomo
70 V
Aluminio forjado de la serie 2000
75 V
Hierro forjado, gris o maleable, liso al carbono y aceros de baja aleación
85 V
Aluminio, aleaciones forjadas distintas del aluminio de la serie 2000, aleaciones moldeadas del tipo silicio
90 V
Aluminio, aleaciones moldeadas que no sean de tipo silicio, cadmio, chapado y cromado
95 V
Chapa galvanizada en caliente; acero galvanizado
120 V
Zinc forjado; aleaciones de fundición a presión a base de zinc; cincado
125 V
Magnesio y aleaciones a base de magnesio, moldeados o forjados
175 V
Berilio
185 V
Evita la corrosión galvánica
Evitar la corrosión galvánica es crucial en aplicaciones industriales y estructurales, implicando la adopción de medidas específicas para evitar el contacto directo entre distintos metales en presencia de un electrolito (como puede ser el agua).
Una estrategia común incluye la incorporación de materiales aislantes entre los metales, como plásticos o gomas, reduciendo así la posibilidad de corrosión.
También pueden aplicarse recubrimientos protectores, como pinturas o barnices, que constituyen una barrera física efectiva que resguarda los metales de la exposición a agentes corrosivos. La elección meticulosa de metales compatibles y el uso de materiales no conductores son prácticas clave para minimizar el riesgo de corrosión galvánica.
Finalmente, otra opción es aplicar recubrimientos de zinc a los metales. El zinc actúa como un metal de sacrificio y puede proporcionar protección galvánica.
Al diseñar estructuras, es crucial considerar la posibilidad de corrosión y usar fijaciones especialmente diseñadas para ello. Además, se deben realizar inspecciones periódicas y llevar a cabo un mantenimiento regular para garantizar la integridad de los materiales metálicos y prevenir la corrosión galvánica en diversas aplicaciones.
La elección de la estrategia dependerá del entorno, los recursos disponibles y el grado de protección necesario.
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